viernes, 13 de diciembre de 2013

Esperanza

Este blog empieza a no formar parte de mi vida. Ya no lo tengo presente en mi día a día, ni tengo ideas que me apetezca plasmar.
Sin embargo, estoy intentando alcanzar un sueño. Dos, en realidad. Uno de ellos es dirigir el departamento de comunicación de una gran empresa, y el otro es escribir un libro.
Digamos que estoy empezando a abrirme camino en ambos, y además me está encantando.
Es una faceta nueva y totalmente diferente a lo que me había dedicado hasta ahora; y, sinceramente, aún no me acostumbro al mundo laboral. Sigo creyendo que estoy en la universidad, pero con nuevas responsabilidades.

No por orgullo
Ni por incapacidad
Ni por soberbia
Sino, simplemente
Porque aquello
Ya no encaja en tu vida
Cierra la puerta
Cambia el disco
Limpia la casa
Sacude el polvo
Deja de ser 
Quien eras
Y transfórmate en
Quien quieres ser.

Paulo Coelho

miércoles, 16 de octubre de 2013

Love Stories

"In your life, you meet people. Some you never think about again. Some you wonder what happened to them. There are some that you wonder if they ever think about you. And then, there are some you wish you never had to think about again. But you do."

C.S. Lewis


"I have loved no part of the world like this, and I have loved no women as I love you. You're my human Africa. I love your smell as I love these smells. I love your dark bush as I love the bush here. You change with the light as this place does, so that one all the time is loving something different and yet the same. I want to spill myself out into you as I want to die here."

Graham Greene, The end of the Affair

viernes, 4 de octubre de 2013

ERROR FATAL

Buenos días a todos, 

Escribo única y exclusivamente para disculparme por un terrible error que he visto en el blog últimamente. Me explico. Como bien sabéis, cambié de dirección y cabecera hace unos meses, pasando de My SunFlowers a The Secret Pocket. Además, he cambiado el formato de este último una y otra vez (sí, lo sé, debería decidirme por un formato en vez de ser tan cambiante) El caso es que, por culpa de todos estos problemas logísticos, me he percatado de que gran parte de las entradas escritas desde los comienzos han sufrido serios cambios. Los párrafos se han juntado, los puntos y aparte se han esfumado, se ha quitado la justificación de los márgenes... De manera que parece que escribo todo de corrida, dando lugar a un montón de frases apelotonadas sin ton ni son. Queda espantoso visualmente; así que no tengo nada que decir sobre la impresión que da a la hora de leerlo.

Como comprenderéis, no creo que proceda editar, uno por uno, todos los posts. Primero, porque me volvería loca, y segundo, porque es muy probable que en unos meses decida cambiar de nuevo el formato y se me desestructure todo otra vez.

Si hay algún lector bondadoso y experto en tecnología blogger, alias alma caritativa, que sepa cómo edtitarlo todo de golpe, agradecería mucho una little help.

Muchas gracias y mil disculpas.

martes, 1 de octubre de 2013

Se dice pronto

Por ese momento en el que decides, de manera definitiva, que no quieres volver a saber nada más de alguien en toda tu vida.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Las series españolas también tienen moraleja

"Hay cosas que uno no puede hacer solo... Discutir, subirse y sujetar a una escalera a la vez, o doblar una sábana de esas de cama de matrimonio. 
Yo toda mi vida he pensado que lo ideal era vivir en pareja; por muy extraña que fuera la pareja. De hecho hay parejas que acaban convirtiéndose en tríos; parejas que se van quedando sin pareja, porque no se puede evitar el miedo a no estar a la altura. Hay parejas que son imposibles por definición; por historia y por física, aunque no por química. O parejas en las que la química se ha ido gastando, aunque sigan compartiendo una familia. Familias donde, en algún momento, hubo una pareja. Parejas que fueron en algún momento, y ya no son nada... y eso es lo que más miedo da en la vida, cuando la pareja se rompe. Sea por lo que sea, la primera sensación que se tiene es de pánico; un miedo atroz al cambio, a la pérdida de control sobre nuestras vidas, un miedo atroz a estar solo. Pero cuando se llega a esa soledad, uno se da cuenta de que la ruptura puede llevarnos a un lugar mejor. 
Hoy es el primer día del resto de mi vida; porque, desde hoy, creo que lo más importante en esta vida es saber volar solo."

Esto, por increíble que parezca, es un fragmento del guión de Los Hombres de Paco.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Time goes by

Los días pasan, y pesan.

Mi carrera ha acabado, el verano también, y el otoño acaba de entrar pasando desapercibido.

El blog que comencé a la vez que la carrera, va pasando lentamente a un segundo plano. Creo que a partir de ahora escribiré puntualmente, cosa que habréis podido comprobar en los últimos dos meses. Es bastante irónico que, ahora que tengo todo el tiempo del mundo, no le dedique más que una noche puntual a este bolsillo secreto.
En efecto, no tengo trabajo. Mi vida corre y corre, y sin embargo, me encuentro en un estado de stand by a la espera de llamadas importantes que no llegan. En casa me culpan de impaciente, pero no puedo evitar sentirme culpable, de alguna manera, por estar como estoy.

Espero que por aquí todo siga como siempre. Aunque tarde meses en volver, siempre vuelvo... Sabéis que no soy de dejar las cosas a medias, al menos no a largo plazo. 

Quizás la próxima vez que actualice, lo haga desde Irlanda. Si es así, tened por seguro que os pondré al día antes de irme. 

Nos vemos pronto.
Espero.

sábado, 27 de julio de 2013

Para ti, Enrique

Recuerdo como si fuera ayer el día que te conocí. Entraba por la puerta de tu casa de Madrid, de la mano de tu hija Ana. Bastaron dos besos y una brevísima presentación para que me lanzaras la que sería la primera de tus preguntas trascendentales: "Mayma, ¿Es la muerte justificable en alguna ocasión?". Tras ella, un silencio incómodo, una cara de póker y un lío de ideas y palabras que no me llevaron a decir nada más que incongruencias. Esa pregunta desembocó en una larga conversación en la que me razonaste de la manera más increíble, por qué la muerte no puede justificarse nunca. Desde ese primer día, me dejaste marcada. Me pareciste la persona más interesante que, probablemente, hubiera conocido en toda mi vida; y esa opinión no ha cambiado en absoluto a día de hoy. 

Siempre guardaré en mi memoria todos y cada uno de los momentos que pude compartir contigo. Me gustaría recordar, aquí y ahora, tantos como mi memoria alcance: Las larguísimas sobremesas en las que prefería quedarme conversando contigo, o más bien escuchando mil historias y aprendiendo de ti, antes que tirarme en la playa a tomar el sol. Lo extremadamente detallista que eras con tu mujer y el amor que transmitías a tu familia. Cuando te ponías serio y acto seguido rompías a reír. La música maravillosa que sonaba de manera permanente en el salón de tu casa de Marbella. Los consejos amorosos, tu opinión sobre los chicos y tus previsiones de futuro. La pasión por un buen gintonic. Tu enorme sonrisa y vivos ojos esperando mis respuestas. Lo muchísimo que valorabas la sinceridad y la bondad. La charla y el tercer grado que nos hiciste a Ana y a mi al llegar a casa a altas horas de la madrugada, antes de meternos en la cama. Que nos esperaras despierto en el salón y nos despertaras a primera hora de la mañana para aprovechar bien el día. Los desayunos que nos traías a la cama, acompañados de una buena historia y un plan que, a pesar del sueño, no podíamos rechazar. La mañana de chocolate con churros en la plaza de los naranjos. Las dos visitas al hospital por culpa de mi otitis, y el mimo con el que me trataste en todo momento. La cena en Frutos, donde me diste a probar la mejor ensaladilla rusa que he tomado en toda mi vida, y los platos de ésta que traías a la hora de comer porque sabías que me encantaba. Lo hábil que eras conduciendo karts y lo que os reíais de mi por lo lenta que iba. La tienda de aquella calle peatonal de Marbella, donde me compraste un precioso pañuelo de seda y un pareo porque sí, porque te apetecía. La comida en la Gabinoteca y posterior visita al lugar en el que grababas tu querido programa, La Rebotica, y la oportunidad que me diste para participar en una de tus entrevistas. Los viajes al norte de España para las presentaciones de tus libros. La cantidad de personas que conoces y que te quieren, y aquella frase que decía que la calidad de un periodista es proporcional a su agenda telefónica, y haber pensado en ti automáticamente cuando me cambié de móvil y perdí todos mis contactos. 
En fin, no quiero continuar recordando, que las lágrimas empiezan a empapar esta bonita carta.

Eras y siempre te recordaremos como un hombre bueno, vitalista, despierto, curioso, amigo de sus amigos, entregado, educado, clásico y rebelde a la vez, generoso, astuto, simpático, embaucador, convincente, sincero, excelente conversador y mejor padre y marido, amante de la buena mesa, de la vida y de Galicia, organizador, conciso, directo y querido.

La última vez que te vi fue hace unas semanas, el día de mi graduación. Hacía dos años aproximadamente que no nos veíamos por contratiempos de la vida y, sin embargo, te mostraste tal cual eres, tal y como te recordaba. Me transmitiste lo necesario para irme tranquila, sabiendo que ese fue nuestro último adiós. Sentí que no me habías olvidado, sentí tus ojos alegres de verme, tu sonrisa sincera y tu fuerte abrazo de enhorabuena por haberme licenciado. Creo sinceramente que Dios te quiso poner en mi camino para que pudiéramos despedirnos. Me siento tremendamente orgullosa de haberte tenido como padrino de promoción. Echando la vista atrás, creo que no pude tener un regalo mejor.

Me gustaría darte las gracias por haberme dejado entrar en tu vida; por haberme acogido como a una hija más; por haber conocido a mis padres; por haberme enseñado tanto; haberme hecho razonar y reflexionar sobre temas de todo tipo; haberme corregido mil veces; haberme regañado cada vez que utilizaba una muletilla (al final, con una simple mirada me lo decías todo); haberme metido en tu guarida radiofónica; haberme abierto los ojos cuando lo he necesitado; haberme ayudado y aconsejado con las asignaturas que se me resistían; haberme hecho ver más allá de lo que se aprecia a simple vista; haberme subido la autoestima y haberme convencido de lo que valgo como persona, sacando a relucir mis defectos y virtudes... es tan larguísimo el etcétera de cosas que debería agradecerte, que se me amontonan las palabras y los sentimientos.

Muchas personas no entenderán esta carta o la acusarán de exagerada, pero eso no nos importa; tú me enseñaste que no nos deben importar. Te conservo en la memoria al igual que conservo los libros que me regalaste. Con un cariño inmenso y un recuerdo imborrable.

Estés donde estés, quiero que sepas que me considero la persona más afortunada del mundo por haberte conocido. Quiero que sepas que tú, Enrique Beotas, has sido mi mentor, no sólo en lo que al periodismo respecta, sino también en los aspectos más profundos de la vida.

Estés dónde estés, te vamos a echar de menos.
Con aprecio y mucho cariño,

Mayma

PD/ No sabes lo muchísimo que me ha costado redactar esto en pasado... ¡Cómo cuesta asimilar las cosas! Cuídanos a todos desde arriba.